domingo, 25 de agosto de 2019

ADIÓS A MAITE ECHEGARAY, “LA MARIPOSA”

Foto tomada en La Longuera, en la ventana de la habitación donde pasó sus últimos días Shantidas. La hizo un fotógrafo de Alcoi que, por entonces, estuvo haciendo una estancia en La Longuera.








El día 10 de agosto de 2019 nuestra querida Maite, ha dejado su cuerpo terrenal y se ha unido a todos sus seres queridos y la fraternidad del Arca, que la han precedido en el camino de la eternidad. Nosotros, los compañeros y amigos de España, sembrados de nostalgia por su persona y lo que ella irradiaba,  sentimos  que:
 “El Arte fue su tendencia natural, el aroma espiritual bañaba su vida y  todo lo entregó a la No-Violencia Gandhiana a través del Arca”.
Maite, vasca de nacimiento, y natural de Donostia, (S. Sebastián), ya desde su juventud, sensible a los problemas de los más desfavorecidos, proyecta su futuro como enfermera en África.  Estudia enfermería en el Hospital de Valdecilla, (Santander), comienza  a trabajar como enfermera en el Hospital de su ciudad natal, a la vez que inicia los estudios de Asistente Social, con el fin de  completar su formación para ese futuro africano. Realizando estos estudios, prepara  un trabajo sobre Gandhi y descubre la No-Violencia gandhiana. Esta filosofía remueve su corazón y desea conocer más. Alguien le habla de unos “gandhianos de occidente” que viven en comunidad al sureste de Francia. Viaja a La Borie Noble, al encuentro con Shantidas y la Comunidad, una orden laica, una tribu totalmente atípica en aquellos tiempos, mitad gitanos y mitad benedictinos, pionera desde su origen.
Maite abandona su trabajo en el Hospital e inicia la vida comunitaria en La Borie Noble. Comparte trabajos manuales, se inicia en el hilado con la rueca, el estudio de la no violencia, la espiritualidad, el canto y la danza.  Margalida recuerda “su imagen de morena bailadora”, porque allí, muchas veces, danzaba al son de la música española, algo que ya amaba y practicaba en su adolescencia, quizás su imagen volátil, con los brazos siempre en movimiento, inspiró a Shantidas para darle el nombre de Mariposa.
En el Trianon, nombre que le da La Caille al pequeño apartamento de tres habitaciones en el  que comparten espacio, La Caille, Marie Pierre Bovy, Maite y más tarde Esperanza Lanas. Según palabras de Marie Pierre: “éramos como hermanas en el Trianon, compartimos tantas alegrías, penas y hermosos eventos”. Shantidas después de la muerte de Chanterelle, las visita con frecuencia, son momentos y conversaciones que nutren el alma y, a veces, tampoco falta el debate.
Llega la enfermedad de Chanterelle, son tiempos dolorosos. Su tratamiento en el Hospital Holístico, cerca de los Pirineos, Maite y Esperanza Lanas, enfermera y médica, pero sobre todo compañeras de camino, les acompañan. Maite,  permanece al  lado de Chanterelle, hasta su fallecimiento, al igual que toda la comunidad.
Participa en las acciones no violentas que el Arca promueve, así como en la marcha que Pepe Beunza, primer objetor de conciencia español, inicia desde Suiza hasta España, acompañado por el Arca y otros amigos.
Acompaña a Lanza en la mayor parte de los Campamentos del Arca en España y es en uno de ellos, en Béjar-Salamanca, donde se decide el apoyo a un grupo que proyecta  iniciar una Comunidad en el Cortijo de La Longuera, Albacete. 
Maite y Esperanza, dejan la comunidad de La Borie Noble y regresan a España para formar parte de este  grupo. El Cortijo, a la vera del Rio Segura, abandonado desde hacía muchos años, supone un reto para la supervivencia del grupo. No obstante, ayudado por los amigos voluntarios que se van acercando y con gran incredulidad de los vecinos del pueblo, logran recuperar la antigua acequia e iniciar el cultivo de los campos. La mayor parte del grupo procede de las ciudades, sin embargo eso no les impide entregarse de lleno a vivir su proyecto comunitario en las direcciones del Arca. Llegan los campamentos de verano, encuentros de hasta 200 personas, todo esfuerzo vale la pena para transmitir una nueva forma de vivir y  de estar en el mundo desde la no-violencia.
Shantidas bautiza La Longuera como “El Valle de Cristal”, allí pasó sus últimos días.  En la noche de Reyes de 1981, en el hospital de Murcia-España,  mientras transitaba hacia “el más allá”, Maite le tomaba la mano, a la vez que entonaba el canto “In manus Tuas Domine Commendo Spiritum meum"… y en toda la planta se hacía  un gran silencio.
Después llegan los tiempos difíciles y desencuentros en el grupo de La Longuera. Maite, Esperanza, Isabel y Daniel deciden partir e iniciar otro proyecto del Arca. Es el tiempo de la Comunidad Itinerante, Asturias, Galicia…, hasta que se establecen en el Monasterio de Soto de Iruz, cedido por el obispado de Cantabria. Al igual que en La Longuera, los inicios son de gran trabajo físico y comunitario. Reúnen a las “amigos del norte”, comienzan las acogidas, los campamentos, las bodas en la Comunidad, los niños que llegan…, participan en las acciones de no- violencia, que se proponen desde el Arca de España.
En Soto de Iruz, vuelven  los  momentos difíciles para la vida comunitaria y La Comunidad, con gran dolor para todos llega a su fin, no obstante la semilla del Arca ya ha crecido por toda España. Los amigos se han multiplicado y la presencia de Maite en el Arca ha quedado impresa en el corazón de los compañeros y amigos que la han conocido, y de los que, aún sin conocerla, han sabido de  su entrega a la no-violencia Gandhiana y al Arca.  

El efecto Mariposa
 

Las mariposas cuando emprenden su vuelo,  apenas emiten sonidos,
lo hacen en silencio, sin algarabías, sin propaganda.
Sin embargo, su tímido aleteo, de flor en flor, de rama en rama,

puede provocar huracanes a kilómetros de distancia,
Es lo que se conoce como el efecto mariposa.

Maite, la mariposa,

con su vida callada y cantada,
con su aleteo y con su calma,
también ha dejado entre nosotros su misterioso efecto.
Maite, la mariposa, tejedora del alma, 

hilandera del Espíritu,
cuidadora, amiga, hermana.
Ahora eres vuelo,

ahora eres  canto callado y danza, 
ahora, convertida en silenciosa presencia,
podemos percibir aún
el batir de tus alas.

Epitafio escrito por Daniel Muñoz y leído en el sepelio de Maite.

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