jueves, 13 de marzo de 2014

A PUNTO DE SER MARIPOSA

Carta de Claude Voron

¡Feliz año 2014, querido(a)s amigo(a)s!

    Os deseo poder recibir con benevolencia y serenidad los sucesos dulces o amargos que marquen vuestro camino de vida en este año nuevo. Doy testimonio de que en las pruebas más difíciles o dolorosas, a menudo se esconden pepitas de vida, de amor y de alegría. Tenemos que descubrirlas.

   ¡Me he equivocado en mi apuesta! A primeros del 2013 había pronosticado que ese año sería el de mi vuelo como mariposa. ¡He fallado! Sigo hilando el capullo de mi crisálida. La metamorfosis avanza sin embargo. Por ejemplo, cuestión inmovilidad, he progresado bastante... Primero las piernas, ahora son brazos y manos los que están en reposo.

   Cada vez que bajo (¿o subo?) un peldaño hacia la dependencia, me cuesta un poco encajarlo. El último hasta ahora: no poder ya comer solo, marcar un número de teléfono o pasar las páginas de un libro, ha sido difícil de soportar. Pero a cambio se me han dado tantos signos de solidaridad y de atención (libros audio, grabaciones en pendrive), que las relaciones se hacen más profundas y viene de ahí la alegría.

    Otra imagen: con mi máscara del respirador que llevo permanentemente, y el cuerpo inmóvil, me siento como un buzo, pero ¡también ya mariposa!.  La cárcel me reveló hace años que se puede ser libre aun encerrado. Y sí, encerrado y sin embargo libre, mi vuelo como mariposa ha empezado.

   Vivo sentimientos y reacciones ambivalentes. En un mismo día, incluso en un mismo minuto, paso de estar harto de esta vida a cámara lenta y en dependencia total (“ojalá que esto no se prolongue demasiado, quisiera realmente emprender el vuelo de la gran salida”), a la alegría de vivir.

   Esta ambivalencia la vivo con las palabras de mi fe, a veces grito interiormente el comienzo del salmo que dijo el propio Jesús: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. En ese mismo momento siento en mí surgir una sonrisa y una acción de gracias y me digo: “¡eres capaz de dudar de Dios mientras  envía tantos “ángeles” a visitarte, a acompañarte y reconfortarte!”. El primero, mi mujer Dominique, que me envuelve con su ternura día y noche; pero también todos los miembros de mi familia, de la familia de Dominique, el personal sanitario, vosotros todos, amigos que habéis marcado mi vida, incluidos los que me han precedido en pasar a la otra orilla... Así como todos esos “guiños de Dios” que se me dan todos los días: el escubidú, regalo que me hace la pequeña Lise; las amapolas rojas de placer que me hablan y me alegran el corazón; mis hermanos los tilos que me encanta contemplar, o las nubes que se transforman en personajes fabulosos y que me sonríen...

    Sí, estoy encerrado en mi cuerpo y totalmente dependiente, pero tengo el privilegio de tener tiempo para rezar, soñar, unirme no sólo a todos los seres humanos que me han marcado y viven en mí, sino también unirme a todo el cosmos.

   La interdependencia  de que hablan los budistas, creo que la vivo plenamente. Con Francisco de Asís, todos los días digo el cántico de las criaturas y doy gracias lo primero por el hermano aire que me da la vida a través de la máquina. Por todas las criaturas, por vosotros todos, queridos amigos, por todos los signos que me enviáis: una postal, una llamada, una visita, pero también, lo noto, un pensamiento positivo, una oración. La vida palpita en mí y la encuentro bella y buena.

    Otra imagen de lo que vivo: desde hace tres años, cuando se hizo el diagnóstico de esta enfermedad, estoy volviendo a la matriz original. Por la  mañana, cuando la amable cigüeña enfermera con su pico levanta-enfermos me coge con mi hamaca y me levanta de la cama, me siento recién nacido. Sí, tengo conciencia de estar en el umbral de la matriz. Espero con serenidad a mi hermana la muerte corporal que me hará entrar en ella.

    Hemos tenido la suerte Dominique y yo, como capellanes en hospitales, de visitar y acompañar enfermos, algunos al final de la vida. Esto nos ayuda mucho como pareja. Al hablar estamos en la misma longitud de onda a la escucha de nuestras necesidades y de nuestros límites. Nuestra relación ha tomado otra forma pero se hace más profunda y rica.

   Como capellán trataba de aportar consuelo y apoyo a los enfermos que visitaba. Me di cuenta muy pronto de que eran ellos quienes me daban mucho. Sí, soy consciente de que soy un peso para Dominique, para el grupo de la aldea, para toda la sociedad, pero sé también que doy de otra forma. Esto da sentido y valor a mi vida, limitada en lo físico.

    Estoy preso en mi cuerpo-cama o cuerpo-sillón y condenado al “no hacer”. Curiosamente, a medida que mi actividad física disminuye, mis pensamientos y sentimientos se agrandan hasta la dimensión del cosmos y van hasta el cielo. Me siento en comunión no sólo con mis seres queridos, sino con todos los vivos y los muertos.

   Nuestros sentidos nos hacen percibir un universo limitado. Tengo la sensación de haber entreabierto la cortina de este universo, de penetrar un poco detrás, de adivinar todas sus riquezas y descubrir sus otras dimensiones.

   Mi visión de los hechos y de los seres se transforma poco a poco y mi confianza en la vida y en el amor crece. Mi mirada se vuelve más positiva y benevolente. Es cierto que sigo aterrado por las violencias y sufrimientos que devastan nuestro mundo, e indignado por las injusticias de nuestra sociedad, pero tengo más ganas de mirar los jóvenes brotes de vida, de justicia, de no-violencia y de iniciativas innovadoras que germinan continuamente, y de envolverlos en pensamientos de amor y respeto.

   He empezado a mirar de otra forma a mis allegados, en especial a algunos de mis nietos que me preocupaban, que me parecían tomar caminos peligrosos. Tenía una visión crítica, palabras negativas sobre ellos. He decidido confiar en ellos y envolverlos en amor en vez de reproches. Esta mirada positiva y benevolente la he extendido a todos mis círculos de vida: a la eco-aldea en que vivimos, a la comunidad del Arca que sigue siendo mi familia, a la iglesia católica a la que sigo siendo fiel, al movimiento no-violento, a todos los acontecimientos de nuestra sociedad. Me ha ayudado a ello Matthieu Ricard con la lectura de su último libro sobre el Altruismo. A cambio recibo para mí mucha paz y alegría.

    Gracias, amigos, por todo lo que me habéis dado, por todo lo que me dáis aún y sabed que por mi parte pienso a menudo en el uno o en el otro y lo envuelvo de amor en mis pensamientos y oraciones.

¡Buen camino de vida a vosotros!

Os abrazo.

 Claude.

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