jueves, 2 de mayo de 2013

LO QUE HOY HEMOS VIVIDO...

   
 Martes, 30 abril 2013. La Flayssière, Francia.
Jean, el marido de Michèle, me ha pedido que os agradezca todos vuestros mensajes y vuestra presencia fraterna, aunque estéis lejos, durante toda la enfermedad de Michèle y también ahora, después de su muerte. Me ha dicho: "Esto es la comunidad, a veces no la ves ni la sientes, pero está ahí cuando lo necesitas”.
Me ha dicho también: “Cuéntales lo que hoy hemos vivido”. Esto es lo que voy a intentar hacer, a pesar de que es difícil poner por escrito una experiencia de tal calibre.
Llovió toda la mañana, como lo hizo durante todos los días anteriores. La tierra estaba muy humeda, hacía frio. Pero a partir de las 13h, la lluvia se paró y pudimos llegar tranquilamente a la Flayssière. Eramos más de 200 personas, algunos tuvieron que quedarse fuera del salón durante la misa. Los hijos de Jean y Michèle llevaron el féretro al centro de la gran sala. Fue muy bello: las flores, las ramas floridas, las velas, el hermoso y fraternal fuego de la chimenea...
Vivimos la misa en un gran recogimiento, con momentos muy fuertes e intensos: la danza de la Ofrenda de Jean y sus hijos alrededor del féretro, la lectura de la carta de amor de Eliane (su hija que vive en Canada y que no pudo estar presente), el testimonio de los niños de La Borie, que son ahora jóvenes adultos, los cantos, las lecturas...; todo lo que allí aconteció fue una entrañable acción de gracias por Michèle y por su vida entregada. 
Depués de la misa, fuimos al cementerio. El féretro iba en un carro magníficamente decorado con flores por los hijos de Michèle y sus amigos. Lo seguimos, con la conciencia de que la acompañábamos por última vez. Ya en el cementerio nos reunimos alrededor de la tumba abierta, escuchamos todavía algunos bellos textos y cantamos los cantos que a ella le gustaban. De repente, un pequeño guiño del cielo: las nubes se dispersaron y salió el sol. Una compañera dijo: “¡Le habíamos pedido a Michèle que nos trajese un poco de sol, y aquí está!”. Sus hijos bajaron el férétro a la tumba, cada uno de nosotros pudimos ofrecerle una flor como último adios, y también fueron sus hijos quienes la cubrieron de tierra. Momento fuerte, desgarrador, pero a la vez apacible, asombrosamento dulce y delicado, estos dos hijos que entierran a su madre con amor... 
De retorno a La Borie, fue el tiempo del reencuentro con unos y otros, compartiendo la comida que cada uno habia aportado. Se dice que el mejor regalo que hacen los que se van a los que se quedan es precisamente este tiempo, la oportunidad de verse y de renaudar la relación. 
Ya véis, queridos amigos, durante todo este día se hizo presente la consciencia de la presencia de cada uno de vosotros, de todos vuestros pensamientos y oraciones, que nos envolvían como un espacio bendito, un espacio de unidad profunda. Gracias. 
¡Paz, Fuerza y Gozo para cada uno de vosotros! 
Margalida

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