martes, 8 de marzo de 2011

SOBRE EL DECRECIMIENTO Y OTRAS CUESTIONES

Alfred. La Longuera. Elche de la Sierra. Albacete.
Hoy ha amanecido nublado y lloviendo en La Longuera, lo que me ha permitido dedicar un ratillo a trabajos más intelectuales y formadores de conciencia (y espero que de acción).
Leyendo en una web de mi interés  (http://www.decrecimiento.info/) un extenso, documentado e interesante artículo sobre las crisis que vivimos me he decidiod a compartir con todos los que no tengáis ganas de leerlo completo, las conclusiones finales del autor. A continuación os las copio.
Además os coloco también un vídeo (http://vimeo.com/18161854) que me ha parecido (quizás por la temática y por el contexto) más que interesante. Los que sabéis de vocación agrícola y rural sé que me entenderéis. Si podéis, no dejéis de ver los primeros 15 minutos del mismo y el final.

Una Granja para el Futuro from Horatiux on Vimeo.
Un abrazo con cariño,

Algunas conclusiones básicas sobre el decrecimiento y la crisis energética:

1. Los bancos tiene que seguir (son imprescindibles como mecanismos de intercambio de bienes y servicios en una sociedad compleja), pero tendrán que organizarse para prestar sin intereses y no obtener beneficios, sino simplemente cobrar modestamente para pagar a sus empleados, que podrían ser la décima parte que los que ahora tratan de ganar clientes en cada esquina del país. Eso significará, con seguridad, la nacionalización de las entidades privadas y una banca pública y de interés común.
2. Las bolsas de valores, en consecuencia, deberán cerrar, porque sólo ha servido para catapultar aún más el crecimiento exponencial e ilimitado y, con ello, para transformar aceleradamente la naturaleza (el mito del “progreso” y del “desarrollo”, aunque fuese hacia la nada o hacia el agotamiento acelerado del capital natural y de los limitados recursos de la biosfera). A estas alturas, está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna. Por el contrario, en apenas 200 años han provocado una explotación salvaje de la naturaleza y han acabado con una sostenibilidad del medio que había durado millones de años.

3. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo. No se puede seguir apelando por más tiempo a que si no, “se coarta” la iniciativa privada. La acumulación de los resultados de una cosecha por un agricultor para todo un año es racional y proporciona mayor resistencia a la adversidad que la acumulación que hoy tienen miles de millones de desposeídos y hacinados habitantes de las grandes urbes, tan alienados que creen vivir en el mejor de los mundos posibles, porque están rodeados de modernos y evolucionados aparatos. La acumulación del agricultor preindustrial, de carácter anual o por cosecha, tiene una lógica. Poco más se debería poder acumular y menos en manos de un individuo o entidad privada. Los alimentos y la energía, el vestido básico, la vivienda mínimamente digna, la sanidad y la educación básica no deberían ser objeto de enriquecimiento privado.

4. El dinero, por lo tanto, tiene que cambiar de valor y paradigma. Sólo se podrá emitir el dinero que corresponda a bienes físicos reales (valorándose éstos en horas equivalentes de esfuerzo humano, es decir, de coste energético embebido en ellos y, así, personas como Bill Gates o Emilio Botín jamás podrán acumular patrimonios de tantos miles de millones de dólares o euros y, encima presumir de que están “creando valor” u ofreciendo bienestar y empleo (el mito del empleo) a miles de conciudadanos. Eso, no hay que engañarse, exigirá una caída del nivel de vida actual de los países occidentales de entre el 50% y el 90% del actual. Muy doloroso, pero o se hace voluntaria y conscientemente o la Naturaleza y las guerras por los recursos nos colocarán quizá en un umbral más bajo de equilibrio. Es algo tan sencillo como brutal. Los datos están ahí. No podemos engañarnos.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabó el crecimiento infinito, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Esto no será posible si antes no se elimina la obligación de pagar intereses por el dinero tomado en préstamo (punto 1). Se acabaron los proyectos faraónicos y las absurdas obras de absurdos constructores; la construcción de más autovías, de más coches, de más, más, más… de todo. Ahora, la menguante energía se deberá dedicar a mantener en pie, dentro de lo posible las infraestructuras esenciales (el turismo, la aviación mundial, los deportes profesionales, la publicidad y un largo etcétera no lo son): la obtención y procura de alimentos básicos para la población mundial; la reposición, renovación o mantenimiento de conductos de agua, desagües; los oleoductos, refinerías, puertos modestos, vías férreas, líneas eléctricas, embalses, cuidado de campos de cultivo, reforestaciones, recuperación de lugares contaminados en lo posible, vuelta ordenada (en lo posible) al campo y a ciudades más pequeñas, de dimensiones humanas, intercambios de bienes reducidos a su mínima expresión (una grandísima parte del gigantesco comercio internacional inútil, derrochador y consumista, etc. etc.).

6. Y para los puntos 4 y 5 hay que contar con que el 80% de la población humana consume ahora apenas el 20% de los bienes y la energía producida. Si se adoptan claramente los pasos anteriores, a empezar por los países que más tienen, quizá los pobres del mundo entiendan que los que vivimos en países ricos y opulentos tenemos voluntad de cambiar. Si no, van a estallar (ya están estallando) de forma incontrolable (por muy “terroristas” o “Estados fallidos” que los llamemos) y, entonces, sus bienes (que ahora explotamos principalmente los occidentales de forma inmisericorde) no serán quizá para ellos, pero desde luego, tampoco para nosotros, privilegiados ciudadanos del Occidente desarrollado. Esto sería el verdadero internacionalismo proletario y no lo que hacen las organizaciones sindicales y algunos partidos supuestamente de izquierdas, radicados en los países occidentales.
Color del texto
Hay mucho más por sugerir. Pero dejo a la imaginación de los lectores la tarea de ampliar a este breviario.

Llegan tiempos de prueba. Incluso habrá que recordar a esos creyentes cristianos, que ya duermen tranquilos porque no hay que perdonar las deudas, que aún sigue vigente aquella parte del Evangelio de Mateo (19, 16-22): “Luego se le acercó un hombre y le preguntó: ‘Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos’. ‘¿Cuáles?’, preguntó el hombre. Jesús le respondió: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. El joven dijo: ‘Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?’ ‘Si quieres ser perfecto’, le dijo Jesús, ‘ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme’ Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.”

Hoy somos en Occidente inmensamente ricos en disponibilidad de energía y no basta con cumplir los mandamientos de Al Gore y desenchufar el cargador del móvil por las noches o comprar un coche híbrido o reciclar las basuras. Hoy la exigencia de justicia y una mejor distribución de los bienes, en un medio que se quiera mínimamente sostenible, exige entregar la riqueza energética, deponer el derroche energético para ser perfecto.

Pero mucho me temo que la mayoría de los occidentales se alejarían entristecidos y que, en vez de abandonar voluntariamente su consumista modo de vida, podría pasar un camello por el ojo de una aguja. Es más, todo parece apuntar a que muchos serían incluso capaces de matar o alistarse en algún banderín de enganche, para asegurar que el atún rojo de las costas de Somalía siga llegando a nosotros sin ningún percance.

Si la disponibilidad energética empieza a escasear y a declinar de forma irreversible, no sólo no se podrá crecer económicamente, sino que será necesario decrecer. Y el decrecimiento económico, por primera vez en la historia de la humanidad a escala planetaria (Non Plus Ultra), como hemos visto, hará colapsar el sistema financiero, tal y como lo conocemos, esto es, ese sistema que siempre exige recoger más papeles que los que siembra y premia y glorifica al que sabe explotar más que nadie en menos tiempo que nadie.

Madrid, mayo de 2009.

No hay comentarios: