viernes, 7 de enero de 2011

5 DE ENERO, 30 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LANZA DEL VASTO

Transcribo por su interés, lo que el diario El País (muerte, perfil) publicó en su momento a raíz de la muerte de Lanza en 1981. También podéis consultar otras entradas en este blog.

Murió el filósofo Lanza del Vasto, "apóstol de la no violencia", en Murcia
MANUEL MUÑOZ, - Murcia - 07/01/1981

El lunes falleció en Murcia el «apóstol de la no violencia», Lanza del Vasto, seguidor de Gandhi, al que el propio Mahatma había bautizado como Shantidas, nombre con el que se le conoce en la Orden del Arca, comunidad creada por él. Filósofo, poeta, escultor y místico, estaba en las cercanías de Murcia llevando a cabo un trabajo de fundación de una nueva comunidad, la segunda de las creadas en España. La suya ha sido, a partir de la segunda guerra mundial, una voz fundamental para entender las corrientes místicas orientalistas y el movimiento no violento en Occidente.

Lanza del Vasto, católico y fundador de la comunidad no violenta El Arca, falleció a medianoche del lunes en Murcia víctima de una hemorragia cerebral. El llamado apóstol de la no violencia se consideraba discípulo de Gandhi, al que conoció personalmente en la India, y contaba ochenta años de edad en el momento de su muerte. En unas recientes declaraciones había dicho sobre la muerte: «No pienso en ella, y sí en vivir». Acerca del papa Juan Pablo II indicaba que veía en él a «un hombre de buena voluntad», y añadía que nuestra civilización se encuentra «en extremo peligro».Cuando le sobrevino el trastorno cerebral que le ocasionó la muerte, Lanza del Vasto se encontraba pasando una temporada en una comunidad de El Arca, situada en Elche de la Sierra (Albacete), en la sierra de Segura. Fue trasladado por cinco miembros de la comunidad a la residencia sanitaria de la Seguridad Social Virgen de la Arrixaca, de Murcia, donde ingresó sobre las 22,30 horas, sin que se consiguiese salvar su vida.

Entre las personas que le condujeron a Murcia, se encontraba Francisco Cuervo, conocido como el mendigo de la paz, porque hace cinco años, al igual que Xirinacs ante la Modelo de Barcelona, permaneció durante meses frente a la cárcel de Murcia en demanda de amnistía.

Los compañeros de Lanza del Vasto velaron el cadáver durante la noche, entonando cánticos religiosos.

Ayer iniciaron las gestiones para trasladar el cuerpo a la localidad de La Borie-Noble, en el departamento francés de Languedoc, donde está enterrada su compañera, Chanterelle, que murió hace quince años.

El cadáver permanece en el depósito del Hospital Provincial de Murcia, adonde fue trasladado alrededor de las tres de la tarde de ayer. La gran estatura del fallecido hizo que no fuera posible introducir su cuerpo en el primer ataúd que los empleados de la funeraria llevaron a la ciudad sanitaria, por lo que hubieron de llevar otro de 2,10 metros de longitud.

Las últimas declaraciones que Lanza del Vasto hizo a la Prensa fueron publicadas el pasado 26 de diciembre por la edición de Albacete del diario La Verdad, con motivo de su reciente llegada a Elche de la Sierra. Preguntado sobre si le preocupaba la muerte, decía: «No, no; no mucho. No pienso en ella, y sí en vivir. Ahora, viejo como soy, soy un amante de la vida».

En cuanto a los miembros de su comunidad, señalaba que «para ellos es como si estuviese muerto. Se gobiernan solos, sin intermediarios. Solamente acudo en momentos excepcionales. Hubo un tiempo en que arreglaba todo, pero ellos lo hacen mucho mejor».

Su opinión sobre el papa Wojtyla era la siguiente: «He encontrado en él a un hombre de buena voluntad. Yo le defino como el primer Papa después de San Pedro que sabe decir yo. Se ve que lo que dice lo dice él mismo, y no una pequeña comisión de expertos que fabrican discursos».

«Las civilizaciones se han sucedido una tras otra como olas», indicaba en otro lugar de la entrevista; «han traído la sangre y el fuego. La nuestra está en extremo peligro. Hemos acumulado todos los medios necesarios para destruir lo que hemos hecho y a nosotros mismos. No hay nada más urgente que encontrar otro modo de fundar la vida sobre el mundo».

«Nosotros creamos comunidades tales», añadía, «que si todos hicieran lo mismo no habría guerra, ni revolución, ni miseria, ni servidumbre. Compartimos nuestros bienes, no los acumulamos ni personal ni comunitariamente. Todo el sobrante que nos pueda quedar por ganancias o donaciones va destinado al Tercer Mundo. Las comunidades viven del trabajo de sus miembros».



PERFIL "La guerra sería un mal sueño"
ROSA M. PEREDA 07/01/1981

Hasta el lunes, Lanza del Vasto era un hombre corpulento, un ancho esqueleto de casi dos metros, sobre el que no reposaba sino musculatura ágil por el trabajo manual y las largas horas de meditación y nervios controlados, desde la mirada pálidamente azul, gris, por una sorprendente, vital fuerza interior. La blanquísima barba partida en dos, la envergadura de tórax y brazos y los pies descalzos hacían de él un Moisés herido por la Visión, de expresión resuelta y cercana a una ira santa, que nada podía tener que ver con la de los violentos, y con una terquedad de la que más de una autoridad ha protestado y llegado a mayores.«A veces», decía en la entrevista que le hizo este periódico hace dos años, «dejamos nuestros huertos y nuestros talleres y salimos alas calles a dejarnos apalear por la policía, a que nos conduzcan a los calabozos. Hacemos ayunos públicos y otros pequeños ejercicios de acción cívica no violenta... Y bien, a veces conseguimos lo deseado, y siempre hay pequeñas victorias secretas. Sobre todo, los efectos de la no violencia en las almas». A veces, por ejemplo, en Clichy, en 1959, protestando por las torturas en Argelia, o en 1972, una huelga de hambre de quince días y una escandalosa carta al presidente de la República por la ampliación del campo militar de Larzac.

«Si todos hicieran lo que nosotros», terminaba la misma entrevista, «la guerra sería un mal sueño, la pobreza no existiría, desaparecerían las cuatro plagas que asuelan el mundo contemporáneo ». Las cuatro plagas eran como se sabe, la guerra -él conoció las dos grandes del siglo, para marcar su adolescencia y su madurez, y también las guerras coloniales que otros llamaban ¡mperialistas, de las que aprendió tanto-, la sedición, la servidumbre y la miseria.

La gente que sigue a Lanza de Vasto ha sustituido, según su lección, el trabajo asalariado e industrial por la participación en una pequeña comunidad agraria, autosuficiente económicamente, salva la alienación del hombre urbano negando el salario y la propiedad privada, uniendo en cada una de las personas miembros el trabajo manual y la actividad intelectual, reuniendo en la misma unidad de vida la que consideran institución central, la familia -es decir, la pareja estable y sus hijos-, y el conjunto de la comunidad. A Lanza del Vasto no le gustaba oír hablar de comunas, porque le sonaba a promiscuidad, drogas, así. Pero lo suyo era eso, una comunidad viva, unida en el trabajo y también en las fiestas, en la creación artística y en los cantos, en una serie de pequeños ritos que cruzan, como entidades rurales que son, los ciclos de la germinación de la tierra, de la recogida de las cosechas, de los mejores momentos de cocción de la alfarería y de hilado de las telas...

Dentro sienten serenos los hombres de Lanza del Vasto, muchos de ellos jóvenes, la paz. Fuera siguen la guerra, la miseria. Lanza del Vasto, Shantidas, mueve una imaginaria vara-serpiente y reparte las responsabilidades. «Desde mi juventud», ha dicho, «comprendí que la desgracia de los hombres no venía del cielo como los cataclismos naturales, sino que nuestro modo de vivir en paz engendra la guerra y la destrucción. Y no por obra de los malos», aclaraba, «o por la violencia de los violentos, sino por la obra de la gente de bien que vive según las leyes, la que cumple con su deber. Basta que la gente de orden sigamos haciendo lo que hacemos para que todo, en un momento dado, se caliente y estalle».

Naturalmente, tanto la propuesta de Lanza del Vasto como su análisis de la buena gente, que él formula desde hace treinta años, va a encontrar su fruto y su imagen, alguna vez -según él-, adulterado; otras, superado, y muchas más, pasajero; pero, en cualquier caso, con carácter muy global en los sesenta. Frente a todo esto, y a modo de criba, Lanza del Vasto impone sus siete votos: trabajo manual, obediencia a la decisión común, responsabilidad y corresponsabilidad, pobreza, no violencia, veracidad y purificación. Ahora la década pierde un hombre seguramente más necesario que nunca y, probablemente, más difícil de comprender.

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