lunes, 19 de enero de 2009

El Canto de Israel: No basta el alto en fuego, a-Dios a las armas.

Xavier Pikaza, de su blog.

He venido hablando de la guerra de Gaza, de Sión-Jerusalén contra los filisteos (y otros cananeos). He mostrado que hay muchas palabras de guerra en la Biblia. Pero más poderosas son las palabras de paz, que ofrecen el gran canto de Israel, ni la cruz (opresión), ni la cara (violencia). Éste es el canto de la moneda, la posición más difícil: una moneda que ruede para la paz o que se mantenga enhiesta como experiencia radical de gozo y de perdón, de solidaridad y de concordia. Una monera que diga: Adiós a todas las guerras, el fin de las opresiones Que vengan todos a Sión-Jerusalén (judíos y cananeos, filisteo/palestinos y árabes…), que se abracen y canten y vuelvan de nuevo a sus pueblos, con cantos de paz. Ésta es la experiencia más alta, ésta es la esperanza de la Biblia, que los cristianos han retomado en Jesús y los musulmanes en su experiencia y deseo radical de Paz-Shalam. No basta el alto en fuego que parecen estar buscando unos a otros, hoy, en Palestina, colocando los peones y alfiles para la próxima batalla. Del alto en fuego hay que pasar a la paz definitiva, como quería la Biblia al hablar de Sión como fuente de paz universal. Éste es el tema final: La Biblia Hebrea ofrece un ideal de paz escatológica y/o mesiánica, vinculada a la teología de Sión y al mensaje de los profetas, con una guerra santa donde Yahvé es el único guerrero, es decir, el no-guerrero.

1. Monte Sión, Dios vence a la guerra

Es difícil distinguir la tradición jebusita de Sión, la ideología política de Salomón y la aportación yahvista. Lo cierto es que pronto montaña, ciudad y templo de Sión aparecen como lugar de Yahvé que defiende a sus fieles (cf. Sal 48; 110; Is 14,12-15; Ez 27, 12-16). Allí se evoca o recrea el mito pagano de la teomaquia: Dios derrota a los poderes abismales del caos, representados históricamente por los enemigos de Sión/Yahvé:

Grande es el Señor y muy digno de alabanza,
en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo...
Mirad, los reyes se aliaron para atacarla juntos,
pero al verla quedaron aterrados, huyeron despavoridos.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios...,
los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan,
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra...
(Sal 48, 2-5; 46, 5-7)35.

El mito de la guerra de los pueblos se expresa en la lucha de Yahvé que asiste y defiende a los suyos desde Sión, en tema que puede llevar al puro mito (los creyentes proyectan su defensa sobre Dios, sacralizando la política del rey, que actúa como beneficiario y protector del templo) o vincularse con la tradición israelita de la guerra santa, asumida en el pacifismo de los profetas:

¡Ay ! de los que bajan a Egipto por auxilio, confiados en su caballería...
Pues bien, los egipcios son hombres y no dioses ;
sus caballos, carne, y no espíritu (Is 31, 1-3)36.

2. Lo contrario a Dios es el ejército (no los soldados como personas)

El profeta condena el poderío militar en cuanto tal, la confianza del ejército más fuerte, en este caso Egipto. Lo contrario a Dios, lo peligroso, antidivino, es el imperio militar de Egipto y de otros pueblos, no el culto de sus templos o sus ídolos aislados. Idolatría es el ejército, las armas de conquista que pretenden dominar la tierra.
Dios no lucha contra personas (contra soldados-personas), sino contra la estructura miliar. Por eso, la batalla de Yahvé, su guerra santa, no va contra ideales interiores sino contra caballos y carros (cf. Is 2, 7-9) que condensan la violencia de la historia. Así, cuando los reyes de Damasco y Samaria amenazan a Sión, para tomarla, el gran profeta advierte.

Ten cuidado, está tranquilo, no temas,
ni desmaye tu corazón...
He aquí que la doncella concebirá
y dará a luz un hijo
y le pondrán por nombre Emmanuel,
Dios con nosotros (Cf. Is, 7, 4-14)37.. ..

Así reasume la llamada a la confianza que se encuentra en el comienzo de toda guerra santa. Pero hay una diferencia. Antes había fe en la guerra (las tribus luchaban confiadas, sabiendo que Dios les daría la victoria). Ahora se pide fe sin guerra, sin violencia ni batalla. Así se entiende Ex 14-15: los creyentes desarmados ponen su defensa en el Dios de Sión38.

No habrá ejército, no serán necesarias las armas

En esta ambiente surgen y se entienden las palabras más realistas y utópicas, exigentes y esperanzadoras del AT: el poderío militar de los imperios resulta antidivino. Ya no hay ejército del pueblo, no se apela a las armas; los poderes del mundo son perversos, encarnación de maldad, enemigos de Dios39. Por eso, cuando Dios se manifiesta, ellos acaban:

Al final de los tiempos
estará firme el monte de la casa del Señor...
hacia él confluirán naciones,
caminarán pueblos numerosos.
Dirán : venid, subamos al monte del Señor;
él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas...
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra
(Is 2, 2-5 ; cf. Miq 4, 1 ss.).

Pone fin a la guerra

Sobre la montaña del templo se revela Yahvé, enseñando a los humanos la ley de paz por siempre: dejarán las tácticas de guerra, licenciarán los ejércitos, convertirán las armas en aperos de trabajo40, culminando así la esperanza de Sión:

Venid a ver las obras del Yahvé, sus prodigios en la tierra :
pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas, prende fuego a los escudos.
Yahvé es conocido en Judá; su fama es grande en Israel,
su refugio está en Jerusalén; su morada, en Sión.
Allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada, la guerra (Sal 46, 9-10 ; 76, 2-4)41.

Los ejércitos son idolatría: poder hecho violencia, realidad andivina. El verdadero Dios se manifiesta en Sión como más poderoso que todas las guerras, creando así una paz sin armas (como ley que transfigura al ser humano). Dios se expresa en camino de paz que triunfa del mal, educando a los humanos para la concordia (cf. Jer 31,31-34).

He situado el tema en clave histórico-religiosa en mi libro Dios judío, Dios cristiano, EVD, Estella 1996, 97-108. Cf. H. J. Kraus, Salmos I, (BEB 53) Sígueme, Salamanca 1993, 719-729; H. P. Müller, Ursprünge und Strukturen alttestamentlicher Eschatologie, Berlín, 1969, 86-101; J. L. Sicre, Los dioses olvidados, Cristiandad, Madrid, 1979, 23-39; 48-49; 59-64; J. Plastaras, Il Dio dell’Esodo, Torino, 1976, 132-134; . R. Kilian, Die Verheissung Immanuels. Jes 7, 14, SBS,Stuttgart, 1968.
38 El tema se repite en la invasión de Senaquerib: el rey asirio intenta conquistar Jerusalén; Isaías pide a los judíos que confíen en Dios, sin hacer guerra (cf. Is 36-37). Armamento y guerra son falta de fe en Dios, la defensa armada idolatría.Cf. K. Elliger, Kleine Schriften zum AT, München,

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