miércoles, 7 de enero de 2009

5 DE ENERO, 28 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE LANZA DEL VASTO

(Transcribo, por su interés, lo que aparecía en una revista con motivo del centenario de su nacimiento)

La poesía de Lanza del Vasto anula la muerte
Lanza del Vasto es uno de los hombres más inquietantes del siglo XX. Discípulo católico de Gandhi, la profundidad de su doctrina espiritual y la fundación de sus comunidades que se levantan como un desafío frente a los poderes de la globalización y del mercado, no han dejado muchas veces ver al magnífico poeta que también fue.

Su poesía, reunida bajo el título de Le chiffre des choses (La cifra de las cosas)(1), contiene, sin embargo, una de las miradas más penetrantes que los poetas del siglo XX hayan lanzado sobre la realidad para desvelarla.

La palabra "cifra", que da título a su obra, resume muy bien el sentido de su búsqueda. Para los pitagóricos, a quienes Lanza sigue muy de cerca, la esencia de cada una de las cosas y de los seres del universo es de la naturaleza de los números. Cada cosa y cada ser llevan así impreso en su nombre una cifra que guarda el significado de su ser en Dios. El objetivo del poeta es, por lo tanto, descifrar esos números para comprender su sentido y su significado. Así, cuando el poeta nombra algo, lo que hace es descifrarnos la cifra de ese ser oculto a nuestros ojos en su forma aparente; es decir, revelarnos la substancia íntima que Dios imprimió o, en otras palabras, la expresión tangible de lo que lo hace ser, "su cuerpo invisible --dice Lanza-- que más que cuerpo es el vínculo entre el cuerpo y el alma".

Lanza, a diferencia de otros poetas, al abordar un objeto lo despoja de todo valor, de toda idea, para que a través del ritmo y de la imagen poética brille limpio de todos los fantasmas que le ha impuesto la civilización y que nos impiden verlo en su realidad real. En este sentido, Lanza, a través de sus poemas, busca ese lenguaje adámico con el que el hombre nombró en el Paraíso a los seres por vez primera y los conoció en su sustancia íntima, tal y como habían salido de las manos de Dios.

Para Lanza, las cosas y los seres hablan de Dios, porque sus formas revelan un conjunto de leyes esenciales que al ser tocadas por la mirada poética dicen su sustancia original y nos revelan la resurrección. Morirá la carne, dice cada poema de Lanza del Vasto, la forma perceptible por los sentidos, pero permanecerá la sustancia que la anima, que da la forma, que nos hace ser en nuestra particularidad y que, como se nos ha prometido, hará que nuestra carne resucite el Ultimo Día.

La poesía de Lanza del Vasto anula la muerte. Al descifrar la cifra de cada ser, descubre y nombra su perennidad. No afirma que el ser es inmortal, lo que equivaldría a afirmar una idea; muestra simplemente que el ser es lo que es, lo que su nombre manifiesta.

En este año en que se celebra el centenario de su nacimiento, la poesía de Lanza permanece como un testigo de una realidad que la exaltación de la economía y el imperio de lo virtual nos han velado. Ella nos recuerda que detrás de la preeminencia de lo económico y la tecnología sobre la vida (el bios) Dios no ha muerto, brilla, para los que aún saben ver, en el misterio de cada cosa creada.

Javier Sicilia
1 Existe una antología en español publicada bajo el título de El Nombre, Ediciones El Tucán de Virginia, México, 1988.
Sacado de : http://www.articlearchives.com/77215-1.html

2 comentarios:

Fèlix dijo...

Habría que especificar en qué revista apareció, en qué número, y quien firmaba.

NANO dijo...

Estimado Fèlix, si pinchas en el enlace al final del artículo, aparece. Saludos.