martes, 23 de diciembre de 2008

NOCHE DE PAZ: ALGUNOS ESCRITOS PARA MEDITAR ESTA NAVIDAD.


El Niño, el buey y la mula. Leonardo Boff.

Los evangelios no hablan del buey y de la mula que habrían estado en el pesebre junto a Jesús sobre las pajas. Pero la tradición habla de ellos. Su historia es conmovedora y encanta a niños y adultos. En estos tiempos ecológicos adquiere un significado especial. Vamos a contar la verdad de esta historia antigua que es narrada a su manera en cada lengua.

Un campesino tenía un buey y una mula muy viejos e inservibles para el trabajo en el campo. Se había encariñado con ellos y le habría gustado que muriesen de muerte natural, pero se consumían día a día. Así que resolvió llevarlos al matadero. Cuando tomó la decision se sintió mal y no consiguió dormir en toda la noche.
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El buey y la mula notaron que había algo raro en al aire. Movían inquietos sus osamentas sin poder dormitar. La vida había sido dura. Habían pasado por varios dueños. De todos habían recibido muchos palos. Era su condición de animales de carga.

Hacia la media noche, de repente sintieron que una mano invisible los conducía por un estrecho camino hacia un establo. Decían entre sí: «¿Qué nos obligarán a hacer en esta noche fría? Ya no tenemos fuerzas para nada».

Fueron conducidos a una gruta donde había una lucecita trémula y un pesebre. Pensaban que irían a comer algo de heno. Quedaron maravillados cuando vieron que allí dentro, sobre unas pajas, tiritando, estaba un lindo recién nacido. Un hombre inclinado, José, procuraba calentar al niño con su aliento. El buey y la mula comprendieron inmediatamente. Debían calendar al niño. También con su aliento. Acercaron sus hocicos. Cuando percibieron la belleza y la irradiación del niño sus viejos esqueletos se estremecieron de emoción. Y sintieron un fuerte vigor interno. Con sus hocicos bien cerquita del niño empezaron a respirar lentamente sobre él, y así se fue calentando.

De repente, el niño abrió los ojos. «Ahora va a llorar», dijo la mula al buey, «verás que le asustaron nuestros feos hocicos». El niño, por el contrario, los miró amorosamente y extendió su pequeña mano para acariciar sus hocicos. Y seguía sonriendo, como si fuera una cascada de agua.

«El niño ríe», dijo José a María. «No para de reír». «Debe ser que le hizo gracia el hocico del buey y la mula». Maria sonrió y quedó callada. Acostumbrada a guardar todas las cosas en su corazón, sabía que era un milagro de su divino niño.

El hecho es que los propios animales se sintieron alegres. Nadie les había reconocido ningún mérito en la vida. Y he aquí que estaban calentando al Señor del universo en forma de niño.

Cuando volvían hacia casa notaron que otros burros y bueyes los miraban con un aire de admiración. Estaban tan felices que al avistar la casa, hasta se arriesgaron a un galope. Y ahí se dieron cuenta de que estaban realmente llenos de vitalidad.

Volvieron al establo. Por la mañanita vino el patrón para llevarlos al matadero. Ellos lo miraron compungidos, como diciendo: «¡déjanos vivir un poco más!». El patrón los miró sorprendido y dijo: «¿pero son estos mis viejos animales?, ¿cómo es que están tan vigorosos, con la piel lisa y brillante y las patas firmes y fuertes?»

Y dejó que se quedaran. Durante años y años sirvieron fielmente al patrón. Pero él siempre se preguntaba: «Dios mío, ¿quién trasformó de repente en jóvenes y robustos a aquella mula y aquel buey tan viejitos?» Los niños, que saben del niño Jesús, pueden darle la respuesta.

Con el Niño, el buey y la mula les deseo «Feliz Navidad a todos los lectores y lectoras».
Leonardo Boff
Más escritos de L. Boff: "La misteriosa tarjeta de Navidad"

Demasiado bello. José Antonio Pagola.

Demasiado bello para ser verdad. Así se nos presenta hoy el mensaje de Navidad.
¿Cómo anunciar una «alegría grande» a todo el mundo cuando sabemos que la vida es para tantos una amenaza continua de inseguridad, de sin-sentido y de miedo?
¿Cómo cantar la paz en la tierra cuando vivimos envueltos en crueles imágenes de guerra y de terror?
¿Quién podrá consolar nuestro corazón del cansancio y de la desilusión?
Hace unos años K. Rahner escribió algo que quiero escuchar estos días:
«Cuando al pobre corazón le parece que lo que anuncia la Navidad es demasiado bello para ser verdad, entonces la voz del corazón debe atender con más urgencia al mensaje del Niño que ha nacido hoy».
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Navidad nos dice, en primer lugar, quién es Dios. Hay algo muy metido en nosotros que nos lleva a imaginarlo omnipotente, eterno y lejano. Sin embargo, Dios es diferente de lo que nosotros pensamos de Él.

Dios se ha hecho niño, es humano, es frágil y cercano, es uno de nosotros.

El amor de Dios no es un invento de teólogos; es algo misterioso e increíble que ha llevado a Dios a compartir nuestra existencia. ¿No es una suerte que Dios sea así?

Navidad nos revela, al mismo tiempo, quién es el hombre. Sentimientos contrarios se entremezclan dentro de mí estos meses: decepción y confianza, pena por el ser humano y deseo grande de paz, desilusión y secreta esperanza; no puedo «entender» la lógica de los poderosos de la Tierra y me da pena el silencio de los hombres de bien.

Navidad nos dice que la aventura humana no es un fracaso; que no estamos solos en manos del mal; que Dios sufre con nosotros; que Él nos acompaña hacia la vida eterna. Desde el desamparo del pesebre hasta el asesinato de la cruz, Cristo no dice otra cosa. ¿De quién nos puede llegar la «salvación», si no es de él?

No es fácil pronunciar hoy esta palabra, pero tiene razón el teólogo belga A. Gesche cuando afirma que «la idea de salvación merece ser escuchada de nuevo como una de esas viejas palabras que vuelven a resonar en nosotros porque todavía tienen algo que decirnos».

El mundo busca «salvación» y no sabe hacia dónde dirigir su mirada.

¿Nos atreveremos a escuchar el mensaje navideño:

«Alegraos: os ha nacido hoy un Salvador»?

J. A. Pagola. Más escritos en "Homilías para Navidad"

Las narraciones de la Natividad de Jesús. Marià Corbí.

Es un interesante artículo para intentar leer las narraciones evangélicas del nacimiento de Jesús, desde un punto de vista puramente simbólico, y no como crónicas de hechos, ni descripciones de la naturaleza de lo divino y de su manifestación en Jesús. Coloco a continuación un pequeño trocito, para leer este artículo completo pincha aquí.

El parto de una virgen, los pastores y los magos.
El parto es el símbolo nuclear de las narraciones del nacimiento de Jesús.
En el seno del solsticio de invierno, renace el sol, fuente de vida.
En el seno de la noche, nace la luz de la mañana. En el seno de la tierra, en una cueva, nace la vida.
En el seno de una mujer, que es el seno de nuestra propia especie, nace “el que es”, la encarnación del Absoluto.
En el seno de nuestra naturaleza animal, depredadora, nace la posibilidad de la libertad de toda necesidad, nace “el que es”, que no necesita de nada."

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